¿Sabías que tu manera de pensar puede desencadenar ansiedad, nervios o angustia?
No significa que estés equivocado; simplemente, algunos pensamientos, muchas veces automáticos e inconscientes, pueden generar alteración, ansiedad, angustia o malestar sin que te des cuenta.
A veces todo empieza con un pensamiento que parece “insignificante”: una pequeña duda, un “¿y si…?” o un “debería…”. Y aunque no siempre somos conscientes de ello, esa mínima alteración mental puede activar una cadena de reacciones fisiológicas que generan angustia, culpa o inseguridad. El cuerpo se tensa y responde como si realmente hubiera un problema.
Quizás te reconoces en algunas de estas situaciones:
- Cuando algo no queda exactamente cómo quieres, le das vueltas y notas cierta incomodidad física.
- Revisas cosas una y otra vez “por si acaso”.
- Te cuesta parar de anticipar posibles problemas, aunque en la realidad no estén pasando y probablemente nunca ocurran.
- Eres muy duro contigo mismo y te exiges más de lo que puedes asumir.
- Sientes culpa por lo que “deberías” haber hecho y no hiciste.
- Te afecta más de lo que te gustaría lo que puedan pensar otras personas.
- No consigues quitarte de la mente pensamientos intrusivos, incluso cuando son de poca importancia.
- Evitas ciertas situaciones porque te generan miedo, ansiedad o inseguridad.
- Sientes que te cuesta soltar, relativizar y descansar mentalmente.




