Los pensamientos y la ansiedad mantienen una relación mucho más estrecha de lo que imaginas.
Eso se puede explicar a través de la teoría ABC de Ellis, que es fundamental para entender la relación entre ambos. La teoría ABC es básicamente que A es un estímulo desencadenante. B es el procesamiento cognitivo asociado al estímulo y C es la respuesta emocional (por ejemplo Ansiedad, Alegría, miedo,…).
Una de las genialidades que tuvo Ellis fue ver que no se puede pasar de A, es decir, de un estímulo desencadenante a C directamente, una respuesta emocional, como proponían muchos teóricos de la época, sobre todo los conductistas. Ellis dijo que era necesario siempre pasar por B, por un procesamiento (pensamiento) y que dentro de ese procesamiento estaba el error cuando la respuesta generaba malestar en la persona. Y B es donde se podía corregir.
Esa teoría es la que relaciona ansiedad con los pensamientos. La ansiedad que siente una persona esta provocado por sus pensamientos erróneos, cómo ha interpretado la situación, y no por la situación en si o lo que ocurre a su alrededor.
En general, la ansiedad suele ser una respuesta emocional normal y adaptativa, ayuda a rendir mejor ante situaciones de estrés o desafiantes. Por ejemplo, rendimos mejor en un examen o una entrevista de trabajo.
Pero a consulta llegan personas que sienten ansiedad de forma excesiva sin un “peligro” real, y esa ansiedad deja de ser facilitador y termina interfiriendo de manera negativa en una reunión de trabajo o a conocer a personas nuevas. Aquí tenemos que hablar del pensamiento y como interpretamos la situación hace que la ansiedad se intensifique hasta convertirse en un problema.
En este artículo descubrirás qué relación existe entre los pensamientos y la ansiedad, por qué los pensamientos obsesivos pueden desencadenar y mantener este problema y qué estrategias psicológicas ayudan a romper este círculo para recuperar la tranquilidad.




